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Las intervenciones en edificios históricos constituyen un excelente reto para aquellos profesionales que, con renovadas capacidades, desean aportar su conocimiento a la transformación y actualización del patrimonio. Un legado que, en numerosas ocasiones, se ve protegido con mucho cuidado e inquietud y que obliga a equilibrar la actuación entre el respeto por lo existente y la necesidad de responder a la demanda de unos nuevos usos y de una nueva normativa.

Situado a poco más de treinta kilómetros al este de la ciudad de Girona, del castillo de Peratallada, declarado conjunto histórico artístico y Bien Cultural de Interés Nacional, destaca hoy en día su torre del homenaje, un hito rodeado por un espacio amurallado. Construidos sobre la roca, sus muros pertenecieron al pasado medieval del Baix Empordà de principios del siglo X.

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Mesura ha sabido sacar el máximo partido al jardín y al espacio exterior de la casa de veraneo del castillo. Un entorno con diversos niveles que los arquitectos han deseado mantener y conservar, sin modificar el perfil de lo existente. De la misma manera, se ha respetado una preciosa acacia que gobierna todo el espacio y lo articula, otorgándole su merecido protagonismo.

Las tres plataformas del jardín han sido construidas con material de travertino blanco turco apoyadas sobre unos muros verticales de hormigón armado, ejecutados con un encofrado de tablas de madera. La característica textura de esta técnica constructiva para el hormigón combina extraordinariamente con el principal material de toda la intervención: la piedra natural. Esta roca es muy utilizada como piedra ornamental y su peculiar estructura permite otorgar muchísimo carácter a aquellos espacios donde se coloca.

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Las piezas de travertino, de gran espesor para este uso, además, fueron aprovechadas en un stock de una cantera. Un minucioso estudio de tamaños ha permitido encajar todo este material mediante un interesante juego de elementos rectangulares.

Entre las plataformas se encuentra la otra protagonista del jardín: la piscina. Una lámina de agua en constante movimiento que cae por los muros de hormigón. Este recurso convierte al jardín en un lugar mágico, donde el sonido del correr del agua relaja a quien lo visita.

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Las instalaciones están perfectamente integradas en el diseño, ocultas en la sección de la barandilla de la escalera o empotradas dentro de las rocas de travertino que conforman el banco.

En aras de la sostenibilidad del proyecto, todo el conjunto recoge las aguas pluviales, tanto de la cubierta de la casa como de la terraza del jardín, y las almacena en un pozo medieval, esculpido en roca natural de más de 9 metros de profundidad. Estas aguas pluviales almacenadas riegan el jardín de todo el conjunto, que se convierte así un espacio exterior autosuficiente.

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© Fotografía: Salva López